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Timanfaya, Timanfaya,
cuando  mis ojos  abrí
fue  lo primero que  vi
de esta  tierra  Canaria.

De  Port  Said   a la  Güera,
de  Buena Esperanza a Espartel,
no existe tierra más linda,
en este  hermoso  vergel.  
Y en ella, esta  mi isla,
la  Perla  de  este  Edén.

De la  Geria  negra  y  verde,
nace  el  vino parrandero,
orgullo  del  conejero,
envidia  del  forastero.

En Arrecife  nací,
conejero  por fortuna,
amante  de la aventura,
enamorado  del Mundo.

De  tus  entrañas Timanfaya,
brota  en  mi  corazón fuego,
de  tu  lava mi  piel  morena
y  de  Janubio  el  salero.

Juan Quesada en lo Alto

mira con regocijo

al más chico de sus hijos

que hoy es homenajeado.

Y Magdalena a su lado

compartiendo la alegría

pues Playa Blanca sería

donde impartió su docencia

hoy que extrañan su ausencia,

por haberse jubilado.

Su nombre han perpetuado

Don Jaime Quesada, el Maestro,

han llamado a la vía

que desde Yaiza y Femes,

a Playa Blanca nos guía.

 

Cuando niño con amor,

criado fui en la pobreza,

no me da miedo al decir

que aprendí de la tristeza

a vivir y a sonreir,

a llevar la frente alta

y con dignidad vivir,

no confiar en la esperanza 

de un futuro porvenir.

En el país piel de toro

la cosa no está para risa

dice un señor Montoro

aquí roban muy deprisa.

 

No hay dinero para pensiones

dice un quijote barbudo

no se hagan ilusiones

y trabajen más y duro.

 

Que esta es tierra de Casta

¡miren a sus Señorías!

Lo que cobran por un día

ni en un año se lo gasta.

 

Eso que ahora está de moda

el turismo monetario

políticos y empresarios

lo ganado o afanado en BALBOA

bien guardado

 

Papeles de Panamá

¡ay, aquí que bien se vive!

el dinero para el Caribe

y a gozar con mi mamá.

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