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Aún recuerdo los caíles

Y también a las cerrajas,

El gofio del zurrón

Y de queso,  una lasca.

Con la salida del Sol,

Da comienzo la jornada;

Las campanas de la Iglesia

El almuerzo anunciaban.

La llegada de la guagua,

Ponía fin a la jornada.

Los obreros de mi pueblo

En Janubio, en Playa Blanca,

En Temuíme, en El Valle,

Los Islotes y Tremesana.

Con soletas y alpargatas            

Construyeron los caminos

Para el progreso de Yaiza.

Fuiste reina de belleza

En una época pasada.

Por tus doradas arenas,

Por tu Sol y por tus aguas.

Rubios eran los cuerpos

Que en tus hamacas se soleaban;

Dorados son tus lamentos,

Negra, es tu esperanza.

Fuiste reina de belleza,

Lo superfluo, pronto pasa,

La belleza la mantienes.

Al igual que las hamacas,

Faltan los cuerpos dorados

Que eran quienes la adornaban.

Llegó lo que me temía,
La terrible senectud.
Con ella, la incontinencia
Y el adiós a la juventud.
Los valles y laderas,
Los barrancos de mi piel;
La ausencia de mis dientes,
El plateado de mi sien.
Ya estoy hasta teniente
Y uso gafas al leer.
No hay sol que me caliente
Ni luna que me destemple.
Rodeado de montañas,
Bañado por dos mares;
Uno siempre está en calma,
Otro tiene tempestades.
Uno es de azul cielo,
Otro es negro azabache.
Contrastan con tus mares
Las arenas de tus playas,
El blanco de tus salinas,
El marrón de tus volcanes.
Circundado de montañas,
Centro de un inmenso valle.
Eres Yaiza conocido
De este Mundo, en todas partes.

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