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María me dijo un día,

si con ella me quería casar,

me embarcara para la costa

y trajera caraportal.

 

Para pasar la luna de miel,

al otro lado del mar, 

en la isla de Taboga,

cerquita de Panamá.

 

Yo le contesté a María,

diciéndole lo que pensaba,

¡Si me mandas a la costa,

tú a mí, no me quieres nada!

¡tú a mí, no me quieres nada!

 

Lanzarote Lanzarote,

campesina y marinera.

Natural es tu belleza,

tus playas y tus volcanes,

tus jameos y tus cuevas.

El sancocho conejero

con batatas y papas nuevas,

el cherne salado de la costa

y el vino de la Geria.

Gofio amasado en batea,

de postre rico frangollo,

del millo de la tierra,

luego una buena siesta

a la sombra de una higuera.

Soy conejero de suerte

al vivir con dos amores.

Uno es donde nací,

el otro me hizo hombre.

Arrecife marinera,

Puerto Naos es tú gloria.

La carpintería de ribera,

profesión de mí infancia.

Me hizo amar el mar,

a los barcos y las estrellas,

las ansías de ver otras tierras

en marinero me convirtió.

A muchos países yo fui,

los recuerdos son mi fortuna

y ahora a la vejez,

los narro con sentimiento.

Cuando vuelva a nacer,

vuelvo a ser marinero.

Anoche hablé con la muerte,

que me hizo una visita

y me dijo la señorita:

no te apresures al vivir,

disfruta y sé feliz,

que es sinuoso el camino.

Y está escrito tu destino,

desde el día en que naciste.

Que en las otras vidas que tuviste,

creíste serían un sueño.

Despierta que eres el dueño

de la ilusión más hermosa,

la vida no es otra cosa 

que el camino hacia la muerte.

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