CURIOSIDADES
Una mañana de mayo de 1942, las sirenas de alarma antisubmarinas de la bahía de Chesapeake -la entrada hacia Washington- alertaron a los destructores y buques de vigilancia de ruidos submarinos, como si una flota de guerra hubiese cercado las posiciones norteamericanas. Los culpables eran los 300 millones de peces tigres croadores, que todos los años acuden a desovar en la bahía, emitiendo su rítmico bub-bub-bub-bub.
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